Barcos de Leyenda

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La Hispaniola

La Hispaniola es, sin duda, el buque insignia de cuantos han surcado los mares de la literatura bajo bandera negra. Con su proa rumbo al Mar Caribe, sobre su cubierta se desarrolla la aventura por excelencia en lo que a piratas de ficción se refiere: La Isla del Tesoro. Si hoy sabemos que en los mapas antiguos una X marca el lugar, que un pirata condenado recibe la marca negra, o que una vez en la isla los esqueletos señalan el camino al tesoro, es gracias a Robert Louis Stevenson.

Este escritor hizo del pirata un lugar común donde todos dibujamos con los trazos de nuestra imaginación una pata de palo, un loro en el hombro, un cofre con doblones. Desgraciadamente, aunque la famosa novela abunda en detalles que dan gran fidelidad a las escenas marineras, la Hispaniola nunca es descrita en detalle. Por su desplazamiento, tripulación y otras referencias, algunos autores consideran posible que se tratara de una goleta de tres palos y velas de cruz en el trinquete; un tipo de nave ligera y rápida utilizada por los piratas, aunque no de forma exclusiva. En este caso será el joven Jim Hawkins y sus compañeros de aventuras quienes la fleten para navegar hasta una isla misteriosa, siguiendo el mapa, hallado en el cofre de un marino muerto, que conduce al tesoro del Capitán Flint. Pero no serán los únicos en querer recuperarlo, en esta aventura que recoge por primera vez muchos de los que hoy consideramos tópicos sobre piratas. Con sólo 30 años, el autor de La Isla del Tesoro imaginó un mundo, una historia y unos personajes tan perfectos que han pervivido en la memoria de todos nosotros a través de las generaciones

Robert Louis Stevenson, nacido en Edimburgo en 1850, en pleno apogeo del Imperio Británico, se licenció en Derecho, aunque nunca llegó a ejercer. Su vocación literaria fue muy temprana y su primer gran éxito fue, precisamente, La Isla del Tesoro, publicada como libro en 1883. Tres años después, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, obra maestra de la literatura, le trajo el reconocimiento definitivo de la crítica. De constitución frágil y con una vida minada por la tuberculosis, Stevenson murió sólo diez años después (1894), no sin antes dejar numerosas obras entre las que se cuentan poesía, teatro, novela, ensayo, relatos cortos, libros de viajes y, cómo no, novelas de aventuras.

Debéis rezar, porque toda vuestra vida ha transcurrido entre crímenes y maldades.

R.L. Stevenson La isla del Tesoro